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Hans-Jörg Mayer, nacido en 1955, nos lleva en un viaje hacia payasos crueles y felices, blue bean babies, soldados blancos y negros de la RFA, vagas olas y tiernos horizontes – todas sus obras son odas agridulces a la vida, tratan sobre el desamparo, la histeria extrema, y sus gestos ponen en peligro todo al mismo tiempo – una y otra vez. Las más humildes maldiciones llevan a los más bellos dibujos de reconciliación. Es la vida, no es fácil ni cómodo, jamás, pero es siempre verdadera.

 

Carsten Fock, nacido en 1968, trata la temática de la religión, la trascendencia, incluso un ojo interior, o tal vez un tercer ojo. Se sitúa sin duda entre la iconografía cristiana y el arte outsider, dejando de lado los romanticismos y esperando extremar la expresividad y la cólera; la cólera cruda, con su hipnótica búsqueda aún atónita. Su diálogo se enfrenta a diario con la historia del arte, especialmente con las posturas alemanas. Fock es un mar de preguntas en busca de una bocanada de aire, Fock tiene una irritante calma, y evita las respuestas que no solucionan nada, no cuentan nada.

 

Tjorg Douglas Beer, nacido en 1973, anárquicamente su vocabulario es beligerante y delata las exageraciones de los medios de comunicación y las estructuras políticas y sociales. Nunca adoptará un tono moralista; debemos intentar concentrarnos en el silencio al contemplar su obra, pese a la cacofonía visual. Es atractivo y al mismo tiempo ofensivo. Parece deseo pero es dolor… sin embargo, hay que atreverse a entrar en este desagradable laberinto.

 

Marc Brandenburg, nacido en 1965, observa con atención el aspecto frívolo del mundo del arte, frivolidad que le sirve como metáfora sobre las tendencias racistas y sexistas de las clases altas occidentales. Su temática se inspira en la vida nocturna, ya que la noche borra las diferencias del color de la piel o de lo que algunos llaman la raza. Estas incursiones nocturnas le permiten respirar libremente, y dejar de pensar en las diferencias inventadas por los hombres. Estas incursiones nocturnas le han permitido encontrar sus protagonistas, personas al límite de la sociedad, cuyas ideas neo-humanistas les han hecho dejar atrás esquemas rígidos y conservadores. Ser diferente no significa ser víctima –y sus dibujos parecen decirlo muy claramente.