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Estar a la lluna

FONTETA – Bombon · Joan Prats · NoguerasBlanchard

Capítol II: Estar a la lluna 

 

Inauguración: 7 de agosto, 12-21h.

Exposición hasta el 26 de septiembre

c/ Empordà, 10, Fonteta, Girona

 

Agosto: lunes a domingo, 17-21h

Septiembre: viernes a domingo, 17-21h

Otros horarios con cita previa en el teléfono  (+34) 644 524 969

 

 

Presentamos el segundo capítulo del proyecto conjunto de Bombon, Galeria Joan Prats y NoguerasBlanchard en Fonteta, un pequeño pueblo del Empordà.

 

La exposición, concebida en dos capítulos (el primero se inaugurará el 19 de junio y el segundo el 7 de agosto) reúne artistas de las tres galerías y de diferentes generaciones, en una propuesta que parte del concepto ampurdanés Parar la Fresca (Tomar el fresco), descrito por Josep Pla en el libro “Las Horas”.

 

 

Texto de Gabriel Ventura

 

 

“Quizás porque durante tantos siglos ha sido inalcanzable, ha despertado los sueños más fantásticos, los más pasionales y recónditos. Su encanto siempre estará de parte de la noche, de lo oculto y la intuición, de la clandestinidad y el exceso. La luna, que dilata y empequeñece los ojos de los gatos, que hace subir y bajar mareas, que infla y desinfla las ranas, nos sigue fascinando con el mismo fervor de los primeros tiempos, aunque ya la hemos pisado tímidamente y algunos emprendedores iluminados planean construir hoteles con vistas galácticas. Pero no nos engañemos: las ansias colonizadoras de Jeff Bezos y la compañía no conseguirán acercar o hacer más comprensible el misterio de la Liebre Blanca o la Mujer Araña.

 

Eternamente distante, la luna ha sido adorada por brujas y vampiros, por poetas y adivinos. Por más que la ciencia intente conquistarla, su luz mercurial nos proyecta al mismo tiempo hacia remotos y futuros inescrutables, y nos invita a reflexionar sobre las sombras y los mitos de la condición humana. A lo largo de la historia la hemos vinculado a la fertilidad y al inconsciente, a la muerte y la resurrección, a la repetición de los ciclos de la vida. Las primeras anotaciones inscritas sobre artefactos y utensilios, en la era del Paleolítico, consisten en registros lunares. De hecho, es muy probable que antes de la aparición de la agricultura las sociedades se organizasen de acuerdo con un ciclo temporal lunar, tal y como han demostrado las investigaciones de Alexander Marshack en The Roots of Civilization.

 

A diferencia del sol, el astro omnipotente y constante, la luna pasa por fases, crece y decrece, mengua, se encorva, se transforma. Por esta razón hemos tendido a representar lo inmutable con el sol (Dios) y aquello cambiante y material con la luna (recordamos el reino sublunar y mortal de Platón, el territorio de la duda y las sombras). Inevitablemente, durante milenios, la especie humana ha encontrado su correlato en el drama de la luna: nacer, crecer, reproducirse (la barriga de la luna llena), morir. Si la sintaxis solar divide y jerarquiza – W.B. Yeats acusaba al sol de ofrecer verdades «complejas y artificiosas»– la sintaxis lunar mezcla y confunde las formas, es evasiva, emocional, fluida. Simbólicamente, la luna evoca el mundo imaginativo, contingente y ambiguo de la existencia, en contraste con los absolutos solares del mundo ideal del ser. Imposible mirar el sol de cara, imposible dialogar con su presencia deslumbrante. La luna, en cambio, enciende los caminos desde el margen del cielo y, en palabras de Lorca, nos muestra sin vergüenza sus «cien caras idénticas». La ilusión, el delirio, la quimera, la locura, el caos, la dispersión («estar en la luna»): los atributos de la reina de la noche sugieren la transgresión de las normas diurnas.

 

Lilas y azules eléctricos, amarillos llamativos y rojos rabiosos, verdes fluorescentes que brotan de la oscura como un grito que se clava en la conciencia. Los colores de la noche afilan los nervios y el ojo, nos vuelven desconfiados, sentimos el latido intermitente del peligro.

 

Un temblor nos recorre la espalda: ¿es real, eso que hemos visto? ¿Podemos creer en las imágenes y las palabras que aparecen bajo la luz fría de Selene? Quizás, en el fondo, estar en la luna es una de las formas más fecundas y perplejas de estar en la Tierra, de no dar nada por seguro, de continuar sospechando y levantando la mirada hacia los secretos insondables del universo.”

 

Gabriel Ventura

 

 

* Capítol I: Parar la fresca

Del 30 de setembre de 2017 al 7 de gener de 2018

 

L’hivern de 1974, un jove Werner Herzog decideix anar caminant de Munich a París per visitar a la seva amiga i crítica de cinema Lotte Eisner, que es troba molt malalta a l’hospital. En lloc de viatjar ràpidament a la capital francesa per reunir-se amb Eisner, Herzog inicia un viatge solitari a peu que, segons ell, mantindrà la seva amiga amb vida mentre camina. La seva aventura va durar del 23 de novembre al 14 de desembre de 1974. Quatre anys després, aquesta gesta va donar peu a la publicació d’un petit assaig: Del caminar sobre hielo.

Caminar sobre el gel és una exposició col·lectiva que situa el seu punt de partida en aquest relat. El cineasta alemany descriu de manera minuciosa els paisatges, situacions i pensaments que l’acompanyen durant el viatge. Una traducció a l’àmbit de les arts visuals en què l’absència de practicitat del seu viatge obre dues possibles interpretacions: d’una banda, l’activació del paisatge a través de la performance i l’experiència directa; de l’altra, una anàlisi sobre la disfuncionalitat de l’art, un context capaç de destinar un gran esforç i energia a empreses alienes a les convencions que configuren el nostre entorn social.

 

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