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26.10.2019 – 26.01.2020

Index (Stockholm)

 

Teresa Solar works with objects and the space in between them, with narratives and broken information. Solar experiments with textures and physicality understanding art as a situation to discover, feel and think. Her exhibited objects can be sculpture and also set material, can be produced or found but is in the conjunction that the whole group becomes a para-linguistic structure with internal dialogues in several timelines.

 

In her exhibition, Teresa Solar is mixing classic Egyptian mythology, details of contemporary history and linguistic theory: A sculpture of Nut – the goddess of the night in pharaonic Egypt – becomes the axis of the space at Index Foundation and a partner in a dialogue with plenty of references. Curro, the mascot of the universal exhibition in Sevilla 1992, with its bright colors and cartoonish design, is divided in fragments of memory and disappearance. A killer whale becoming a children’s game and a stretched tiger show the porosity and elasticity of objects, nodding the capacity of art to define other ways of relating to them and modifying its signification. A canoe with a new layer of paint is now an eye, a body, an openness. And still a canoe. Gestures become objects and games, objects become unwritten words and sensual connections, lapses of time offering the next experience to be discovered.

 

André Malraux had with his imaginary museum a collection of images to construct meaning: many possible museum narratives where waiting to be built from the selected photographs collected at Malraux’s archive. What happens when instead of possible images what we have is real objects? Can objects become the museum and not just the idea of the museum? Is the museum a physical experience? Can objects disappear while becoming a museum experience? Can objects become a trigger for memory? To visit an exhibition is a confrontation with hidden languages and bits of information and, still, a visual and performative contact with colors and surfaces.

 

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Nos complace presentar la exposición dedicada a Joan Ponç y a Joan Brossa, que inauguramos el jueves 30 de noviembre, y donde mostraremos obras de dos de los artistas más significativos en la recuperación del arte de vanguardia en nuestro país tras la guerra civil, unidos por una afinidad creativa y personal desde finales de los años 40 hasta principios de los 50 y unidos también a la historia de la Galeria Joan Prats, donde expondrían en diversas ocasiones.

 

En 1982, Joan Brossa mostró por primera vez en la exposición en la Galeria Joan Prats sus poemas objeto y visuales, poemas que realizaba desde 1954 y que eran entonces prácticamente desconocidos por el público. Más adelante, se mostrarían en otras exposiciones en la galería de Barcelona (1989, 1995, 1997) y de Nueva York (1989), y en la Feria de Basilea (1989). Por otro lado, Joan Ponç comienza su colaboración con la Galeria Joan Prats en 1978, con la exposición Fons de l’ésser. También expondría en 1983, Nocturns, en 1987 con dibujos de la época Pre-Dau Al Set, en 1994 y 1996 con dibujos de la Suite Geomètrica y en 1980 en la feria FIAC en París.

 

En palabras de Arnau Puig, en el texto realizado para esta exposición, “Un temperamento y carácter de la dimensión del de Brossa casi estaba obligado por el destino a encontrarse con alguien, Joan Ponç, que bajaba de las nubes”. Este gusto por la magia, la adivinación y lo oculto sería uno de los puntos de unión entre los dos artistas, que se conocieron en 1946. Ese año publicarían junto a Arnau Puig y a Enric Tormo el único número de la revista “Algol”, que quería ser un revulsivo delante del inmovilismo y la pérdida de idealismo de sus contemporáneos. Proponían una renovación de la mirada que se encuentra también en los monotipos que Ponç realizó para acompañar los ejemplares de la revista y que se aleja de la figuración naturalista predominante en el arte español de la época.

 

Además de este interés por las nuevas formas artísticas, las obras de Brossa y Ponç coincidían temáticamente en una preocupación y una crítica a la sociedad, junto con el interés por la cultura popular, el teatro y la magia que ya apuntábamos. Por eso, en aquellos años, se fueron sucediendo las colaboraciones entre los dos: el libro inédito Parafaragaramus (1948), dos números de la revista “Dau Al Set” (enero, 1949 y un inédito), el libro Em va fer Joan Brossa (1951), donde aparece un retrato de Joan Brossa por Joan Ponç, considerado el retrato más directo y sincero que haya tenido el poeta. La relación Brossa-Ponç quedó plasmada también en los poemas de Brossa alusivos a Ponç y en diversos dibujos de Ponç: los Dibuixos podrits (1947) y las Metamorfosis (1947), la suite Joan Brossa-Joan Ponç (1947), la cubierta del libro Dragolí de Brossa (1950), o el gouache Brossa, Brossa (1950), que mostramos en esta exposición.

 

Brossa y Ponç fueron en su momento dos abanderados de la renovación estética, siguiendo los pasos de J.V. Foix y Joan Miró. Brossa, que había conocido a Miró en 1941 a través del sombrerero y mecenas Joan Prats, en casa de J.V. Foix, los pondría en contacto con Joan Ponç. “Dau Al Set” ayudaría a restablecer los puentes con la vanguardia de ADLAN, impulsado por Joan Prats y Joaquim Gomis, y del GATCPAC.

 

Después de este periodo de afinidad y creatividad, en 1953 Joan Ponç se fue a Brasil, y cada uno de los dos artistas continuó su camino. A su vuelta a Cataluña, en 1962, Brossa estaba ya muy lejos del magicosurrealismo y se movía por una antipoesía ligada a la realidad mientras hacía experimentos plásticos de lo que sería su poesía visual. Su vínculo se iría diluyendo. Para Brossa, Ponç quedaría siempre ligado a “Dau Al Set”.

 

Esta exposición pretende mostrar las trayectorias de los dos artistas: una primera parte, con obras del periodo “Dau Al Set”, el momento de mayor afinidad entre Joan Brossa y Joan Ponç, y una segunda parte de la exposición, con obras posteriores, que permiten ver sus evoluciones en el ámbito plástico, y que se reflejan de la misma manera que en la suite Joan Brossa-Joan Ponç (1947).

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Sala Alcalá 31.

Del 21 de febrero al 16 de abril de 2017.

La exposición presenta una amplia selección de la colección Hochschild, una de las principales de Perú y la única que, hasta el momento, se ha dedicado casi en exclusiva a la producción artística moderna y contemporánea del país andino.

“Próxima parada: artistas peruanos en la colección Hochschild” reúne obra de un conjunto de alrededor de cuarenta artistas y ofrece una visión representativa de los fondos de esta colección privada, así como de las creaciones de los artistas peruanos contemporáneos.

Esta muestra sobre la colección Hochschild representa una oportunidad inmejorable para comprender el arte de las últimas décadas de Perú, un país cuya cultura incaica o barroca es bien conocida internacionalmente, pero no así su arte más contemporáneo.

La exposición está compuesta por obras realizadas sobre distintos soportes, desde pinturas, esculturas, dibujos y fotografías hasta videoproyecciones, instalaciones y proyectos multidisciplinarios de diferentes corrientes artísticas; desde el surrealismo hasta la abstracción geométrica, pasando por el arte popular o el informalismo. Entre los artistas que conforman la muestra se encuentran algunas figuras reconocidas internacionalmente como Milagros de la Torre, Martín Chambi, Fernando Bryce, Sandra Gamarra o Mario Testino junto a nombres más desconocidos para el público español como José Carlos Martinat, Maya Watanabe, Eduardo Moll o Giancarlo Scaglia.

Sin duda, la colección Hochschild representa un empeño personal por ser parte del esfuerzo de conservadores de museos, curadores, galerías, críticos, académicos y artistas peruanos que están contribuyendo a hacer del arte del Perú nuestra “próxima parada”.

 

Comisario: Octavio Zaya
Organiza: Oficina de Cultura y Turismo de la Comunidad de Madrid

 

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Conquest Drawings, 2014

Gerona, 1982

Vive y trabaja en Barcelona

 

 

A partir del ejercicio del dibujo y la escritura, Alicia Kopf reflexiona en torno a temáticas aparentemente individuales que se han convertido en preocupaciones generacionales.

 

La dimensión expresiva de su obra se vincula a su formación en Bellas Artes y en Literatura Comparada, formación que le permite acercarse a temas tan diversos como la precariedad de la vivienda o la épica de las exploraciones polares desde una posición que combina admiración y distancia irónica.

 

La obra de Alicia Kopf parte de una metáfora, que le permite realizar un ejercicio de análisis que conducirá finalmente a diferentes asociaciones. De esta manera, en su proyecto Articantàrtic, a partir de la apropiación y reelaboración de documentos gráficos y narrativos de exploradores de los polos, Alicia Kopf convierte un relato histórico en un relato en primera persona sobre la resistencia, la obsesión y la idea de conquista.

Bucarest, Rumanía, 1955

Vive y trabaja en Nueva York

 

Las pinturas de Lydia Dona poseen múltiples referencias a la ciudad y al entorno urbano. Así, a través de los tubos, tornillos y otros objetos que Lydia Dona superpone a las manchas de color, sus pinturas se revelan como imágenes de un enorme engranaje sin presencia humana.

 

El fondo de sus cuadros podría remitir a la herencia de la abstracción americana de Pollock o Clyfford, pese a que los colores se distancien de aquellos por su luminosidad. No obstante, a este fondo se le yuxtaponen las imágenes mecanicistas y deshumanizadas que encontramos en las primeras vanguardias.

 

Lydia Dona mantiene en su obra el conflicto permanente entre la abstracción urbana con su ritmo bullicioso y el microcosmos que lo hace posible.

Fotografía B/N sobre papel baritado, virado al sulfuro, ed. de 7

Madrid, 1958
Vive y trabaja en Madrid

 

La obra de Chema Madoz, cercana a la poesía visual, muestra una inclinación constante hacia lo simbólico, mediante imágenes que se caracterizan por un sutil juego de paradojas y metáforas.

 

Respetando las convenciones de la ‘naturaleza muerta’, sus fotografías muestran objetos que encierran ‘vida’ y descubren una nueva dimensión de significados a través de la descontextualización, recolocación o yuxtaposición de las apariencias habituales y cotidianas. De esta manera, Chema Madoz da forma a un imaginario que pone en duda nuestra credulidad en la fotografía, y en la existencia de una realidad intangible.